Los mitos caídos del prohibicionismo

Aquí os traemos algunos de los mitos caídos del prohibicionismo
Para que el cannabis fuera prohibido, fue necesaria una extensa campaña mediática Es natural: es difícil convencer a la mayor parte de la población de que un elemento que está presente en sus vidas debe ser ilegalizado en un futuro próximo. Pasó lo mismo con muchas otras drogas, así como ha pasado con elementos que no tienen nada que ver: es necesario llevar a cabo una campaña mediática que demonice el elemento a ilegalizar, exagerando si es oportuno.

En general, las características negativas que se destacan podrían clasificarse en verdaderas, en las que tienen un atisbo de verdad pero son exageradas y manipuladas, y en falsas.
Por supuesto, con el paso del tiempo, las que mejor tienden a sobrevivir son las verdaderas o las casi totalmente verdaderas, pues resisten mejor los ataques a la luz de los hechos.
Los estudios que ligan el consumo de cannabis a diversos tipos de psicosis, o a bajo rendimiento escolar, por ejemplo, aunque no prueben una causalidad directa tienen algo de verdad; así pues, a día de hoy siguen siendo ampliamente citados como motivos para que el cannabis conserve su estatus ilegal, aunque cuando tampoco está claro que eso vaya a ayudar en absoluto.

Pero ése no es el tema en el que quiero centrarme en este artículo: creo que, como curiosidades históricas y para entender cómo funcionan estos mecanismos mediáticos, será más interesante que me centre en esta vez en aquellos argumentos falsos para demonizar el cannabis que no han resistido el juicio de la Historia y que han ido pasando al olvido. Aquellos mitos caídos del prohibicionismo que nadie en su sano juicio reproduciría ya.

Empecemos por la agresividad. Hoy en día es bien sabido a nivel popular que el cannabis tiene un efecto principalmente relajante. Habría que matizar, cierto, que algunos cannabinoides sí pueden tener efectos estimulantes e incluso, en determinadas personas y determinados momentos, su consumo podría llegar a generar ataques de pánico; pero el efecto predominante es relajante, y nadie imaginaría la agresividad como un efecto frecuente.

Los mitos caídos del prohibicionismo
Los mitos caídos del prohibicionismo

No siempre ha sido así. En 1923, el diario San Francisco Examiner, propiedad de William Randolph Hearst –uno de los hombres que más recursos dedicó a inventar mitos sobre la marihuana; debido a que, como buen magnate, tenía intereses en la industria del cáñamo que le reportarían más dinero si se ilegalizaban otras variedades de cannabis-, decía: “El hachís –una forma más pura y potente de marihuana- convierte al hombre de modales más amables en un asesino que mata por el simple placer de matar”. En 1928, otro artículo del Examiner hablaba de un hombre que, bajo los efectos de la marihuana, había cogido un cuchillo y se había dedicado a matar a gente al azar.

La revista Popular Mechanix, en 1937, describía el cannabis como “la causa potencial de media docena de asesinatos y otros brutales crímenes” y, según declaraciones de detectives de Philadelphia, “cada vez que se cometía un crimen particularmente horrible, el primer sitio en el que miraban eran cuchitriles de marihuana e interrogaban como sospechosos a los fumadores”.
De hecho, el término “marijuana” en inglés, derivado del castellano, parece ser una creación de aquella época con la finalidad de que los lectores no supieran que la planta de la que se hablaba era el cannabis, de la que no creerían este tipo de mitos1.

La agresividad podía evolucionar, o venir acompañada de, una fuerza sobrehumana. De hecho, son muchas las drogas a las que se les ha atribuido la capacidad de hacer que su consumidor desarrolle una fuerza sobrehumana. Supongo que tiene sentido desde la perspectiva policial: por ejemplo, en el hipotético caso de que seis policías dieran una paliza a un solo individuo, sería muy útil explicar que ese individuo tenía una fuerza sobrehumana y no había otra forma menos violenta de reducirlo.
De no ser así, la gente podría sospechar que los abusos policiales ocurren con una frecuencia preocupante; pero bueno, esto son sólo ideas mías y me estoy desviando. El caso es que también se atribuía al cannabis la capacidad de otorgar una fuerza sobrehumana a quien lo consumiera, y el ejemplo más claro que ha quedado en la cultura popular es Popeye, en cuyas aventuras probablemente “las espinacas” son una metáfora para otro tipo de planta2.

Pero también se pueden atribuir al cannabis los efectos opuestos –lo que encaja más con sus efectos reales, como decíamos, principalmente relajantes-. Estos efectos relajantes pueden combinarse con otros afrodisíacos o, bueno, quién sabe exactamente cómo funciona el asunto, en una versión antigua del mito actual de la “burundanga”.
El mito actual da para hablar mucho, por cierto –ya que, aunque no existe ninguna sustancia con las propiedades que se le atribuyen a la “burundanga”, ni siquiera la escopolamina o el GHB, que serían las más similares, sí es al fin y al cabo cierto que puede haber violadores que recurran a la sumisión química-, pero, centrándonos en el cannabis, resulta más curioso el testimonio que publicó un jurista inglés en 1952 bajo el título “Indian hemp, a social menace” 3:

“Scotland Yard nunca ha tenido conocimiento de un delito tan vicioso, tan cruel, tan despiadado y tan bien organizado. El cáñamo es un asunto realmente hediondo. “Estamos tratando –me dijo uno de los inspectores- con los hombres más depravados que jamás hayan existido”. Las víctimas son jovencitas inglesas y, en menor proporción, adolescentes masculinos. Los culpables son en un 90% gente de color […]

Los que bailaban eran seis blancos, incluidos el informante y yo, veintiocho hombres de color y unas treinta chicas blancas. Las chicas y los acompañantes de color bailaban con un abandono casi salvaje, fascinante y escandaloso […] traficantes negros y jovencitas semidementes”.

Nótese también que, en este caso, la evidencia de que la marihuana es una sustancia que se suministra a las jóvenes para hacer que pierdan su pudor y sus instintos de defensa y dejarlas a merced de los intereses sexuales de los “hombres de color” parece deberse, en gran medida, a la incapacidad del jurista en cuestión para creer que una mujer blanca pudiera relacionarse con un hombre negro por voluntad propia.

Y es que los mitos racistas también abundan entre estos mitos caídos del prohibicionismo. El ya mencionado William Randolph Hearst fue uno de los principales artífices de éstos, con constantes titulares como “Fumar marihuana convierte a los mexicanos en bestias salvajes” 4, casi siempre centrados en mexicanos y afroamericanos. Estos mitos encontrarían otro buen altavoz en un amigo personal de Hearst: Harry J. Anslinger, director de la Oficina Federal de Narcóticos y principal responsable de la prohibición absoluta de la marihuana.

Algunas de las citas más conocidas de Anslinger al respecto son “fumar un porro probablemente haría que mataras a tu hermano” o “La marihuana hace creer a la gente de color que son tan buenos como la gente blanca. Hay unos 100.000 consumidores de marihuana en Estados Unidos, y la mayoría son negros, hispanos, filipinos y artistas.
Su satánica música, jazz y swing, es resultado del uso de marihuana. Ésta hace que mujeres blancas busquen relaciones sexuales con negros, con artistas o con cualquier otro” 5.

Como queda claro, los mitos caídos del prohibicionismo sobre el cannabis a menudo se mezclaban con el racismo, y compartían varias ideas en común. Los más usados se repetían constantemente, mientras que, de cuando en cuando, se pueden ver mitos mucho menos conocidos pero más delirantes.

Como ejemplo de éstos últimos, yo destacaría cuando en 1979 la prensa española se hizo eco de las declaraciones del teniente de alcalde de Cangas de Morrazo (Pontevedra). El susodicho solicitó que el cementerio contara con medidas de vigilancia especiales, debido a la existencia de grupos de jóvenes que asaltaban el osario general para robar huesos humanos que, una vez lavados y triturados, al mezclarse con marihuana potenciaban los efectos de ésta6.

Se podría comentar al respecto que sería curioso que éste fuera un mito que de verdad creyeran los jóvenes y de verdad estuvieran robando huesos con ese fin; aunque, personalmente, creo que parece más probable que sea el teniente de alcalde el que esté bastante equivocado.

Y también, que es curioso cómo incluso los mitos más delirantes se prolongan en el tiempo y resurgen en versiones distintas: aunque ya nadie imagina echar huesos humanos molidos a la marihuana, sí hay gente que sigue creyendo que se echan al basuco; sin ir más lejos, el medio Caracol TV se hizo eco de ello, reproduciendo las declaraciones de un comandante de la policía de Bogotá, lo que probablemente sea más grave aún7. En ocasiones, la idea de que añaden huesos humanos triturados a las drogas se vincula a rituales de magia negra para hacer que dicha droga sea más adictiva, incluso8.

Los mitos caídos del prohibicionismo

Los mitos caídos del prohibicionismo sobre la marihuana hoy en día, por tanto, tienen que ser menos surrealistas, algo más creíbles. Como, por ejemplo, “el cerebro de un adolescente se deteriora por fumar tan sólo un porro de marihuana”, publicado por Telecinco el 15 de enero de 2019. Aludiendo a un estudio científico que se interpreta muy mal, a saber si por desconocimiento o por malicia, y evitando la anécdota concreta, queda algo bastante más realista. Ayuda mucho el hecho de que, por supuesto, sí se intuye en realidad un empeoramiento de la memoria a corto plazo tras un uso continuado de cannabis, aunque aún se desconocen los motivos y todavía queda mucho para concluir si realmente hay una causalidad directa.

Otro tanto pasa con las psicosis, un tema interesante del que aún no sabemos mucho; se aprecia una correlación, que no necesariamente implica causalidad, y además es una correlación muy débil. Así, “el abuso de la marihuana puede acabar en esquizofrenia por un mecanismo fisiológico”, tal y como publicaba RTVE el 22 de mayo de 2014, es una afirmación bastante arriesgada por lo poco que se sabe en realidad (o, en todo caso, es una suposición hecha con estudios como base pero con gran ayuda de la imaginación). Dependiendo de lo que se descubra en un futuro, podría terminar siendo una afirmación totalmente cierta, aunque lo sea por casualidad, o tal vez engrosar esta lista de mitos caídos.

En todo caso, como se señalaba con el ejemplo anterior, aludir a un estudio científico aunque no se interprete correctamente y evitar la anécdota concreta aumenta mucho la seriedad del mito. En ese sentido, se muestra la ya comentada tendencia hacia mitos más sutiles, mentiras menos descaradas.

“Una viuda y sus cuatro hijos han desarrollado locura al comer la planta de la marihuana, según los doctores, que afirman que no hay esperanza de salvar la vida de los hijos y que la madre permanecerá demente el resto de su vida”, afirmaba en 1927 el New York Times9; redactándolo de una forma tan improbable y exagerada queda claro que esa noticia no se corresponde con la realidad, incluso independientemente de si, finalmente, el consumo de cannabis puede aumentar el riesgo de padecer esquizofrenia o no.

De todo esto podemos concluir, al menos, con un optimismo moderado, que lo peor ya ha pasado. Que sigue habiendo mitos sobre el cannabis, pero en su momento el público general corría el riesgo de creer en muchos más mitos, y más ridículos y exagerados, que los actuales.

La mala noticia, claro, es que el hecho de que esos mitos sí fueran creídos en su momento moldeó la opinión pública, la hemeroteca y hasta las leyes y normativas sobre el cannabis en base a conceptos irreales, eludiendo así el debate racional. La situación actual del cannabis en estos ámbitos aún es en gran medida heredera de estos mitos desfasados; sería oportuno tenerlo en cuenta.

Links externos de noticias sobre Los mitos caídos del prohibicionismo

1 https://www.massroots.com/learn/the-man-responsible-for-marijuana-prohibition/

2 En esta misma web hay un interesante artículo de Isidro Marín al respecto: https://www.infocannabis.org/eran-espinacas-lo-que-tomaba-popeye/

3 Aparece citado en Historia general de las drogas (Antonio Escohotado, edición de 2008).

4 https://toolsofcontrol.com/2017/12/10/a-brief-history-of-the-criminalization-of-cannabis-in-the-united-states/

5 No se me ocurría una traducción mejor que “artista”, pero nótese que la palabra que usa Anslinger es “entertainer”, que es un término que engloba mayormente a quienes se dedican a la música, baile, números circenses, etc, sin ganar mucho dinero con ello. Vamos, que tiene la connotación de referirse a artistas poco prestigiosos y poco adinerados.

6 La noticia fue rescatada por Javier Ochagavía, que en su cuenta de Twitter (@Javikinkman) se dedica a recuperar partes muy curiosas de su hemeroteca.

7 En una noticia del 16 de abril de 2015.

8 https://www.vice.com/es_co/article/3b9wby/todo-lo-que-quizo-saber-sobre-el-bazuco-y-mas

9 https://fee.org/articles/the-racist-roots-of-marijuana-prohibition/

Texto: Ibai Otxoa Imágenes: Hemeroteca de Javier Ochagavía. Todos los derechos reservados.

Los mitos caídos del prohibicionismo 2

Ibai Otxoa Gil (1993, Barakaldo) Graduado en Psicología por la Universidad de Deusto. Máster en Drogodependencias, escribe tanto artículos o ensayos sobre diversos temas como ficción; lógicamente, por formación, uno de estos temas son las drogas, en general, legales o ilegales. Escribe en su propio blog, Kallixti, así como en muchas otras webs, revistas digitales, blogs o sobre papel, teniendo, entre éstas, dos libros publicados en solitario (Microrrelatos Punk y La Cosa Kostra).

También crea contenido audiovisual en Youtube bajo el nombre Ibai_93, el mismo con el que se dio a conocer en Twitter. Ha sido voluntario como psicólogo en varios centros de atención a drogodependencias e inclusión social, y ha participado en proyectos de reducción de daños junto a la asociación Ai Laket!!

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