La historia de cómo la canción “Bolleré” de Cathy Claret se convirtió en un himno cannábico

Cathy Claret es un fenómeno único en la historia del pop reciente. La francesa de Nimes, gitana por elección propia, ha llevado una carrera independiente y singular que ha atravesado buena parte de Europa y Japón. “Bolleré”, originalmente escrita como “Bolloré”, no solo es una de sus canciones más conocidas. También es un auténtico himno fumeta que merece un relato propio, indisoluble de su creadora. El que sigue a continuación.

Vivimos una época en la que los cruces de caminos, las apropiaciones y los maridajes se han convertido en la norma. Sin embargo, cuando la artista Cathy Claret empezó su carrera musical, a finales de los ochenta, los géneros musicales populares estaban mucho más compartimentados; ni el flamenco (mucho menos la rumba) gozaban del prestigio cultural de hoy. Cualquiera que mezclase géneros distintos debía mantener una conexión auténtica con el origen de aquellos sonidos. Como explica la propia Cathy: “No existían las redes sociales, así que algo de tu vida motivaba que te juntases con otros músicos”.

Las discográficas quisieron convertirla en una estrella pop, dada su susurrante voz y su frágil aspecto… pero ella era una artista demasiado completa. El tío Bastián, en el poema “La canastera” la definió a la perfección: “rubia como las candelas, que se mezcla con el aire, y no sabe dónde la lleva”. Sabía de lo que hablaba Bastián, tío de los hermanos Amador, tan relevantes en esta historia. Porque ya se sabe que Raimundo paseó el “Bolleré”, la canción de Cathy Claret, por el mundo entero.

Pero, ¿cómo nace esa canción? Es necesario recalcar que al principio su autora la tituló “Bolloré”. El nombre hacía referencia a una especie de “marca de agua” grabada en los papeles de la firma francesa OCB, que podía apreciarse al trasluz, dada su transparencia.

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Bolloré era, además, el apellido de la familia que tomó el control de la compañía especializada en la fabricación de papel fino, que había sido fundada en 1822 por Nicolas Le Marié; fue Jean-René Bolloré quien dirigió de hecho el negocio a partir de 1863.

En 1918 nació la marca OCB, acrónimo de Odet-Cascadet-Bolloré. La misma marca que, una vez que el tema se convirtió en hit, optó por utilizar el rostro de Raimundo para publicitar sus librillos.

Claret, que por aquel entonces había sacado su primer LP con el sello belga Les Disques Du Crépuscule, sabía lo que era un gran éxito ya (“Por qué, por qué”; editado primero por la sección francesa de Virgin). “Si te fijas, en esa canción hay un tumbao que hace “pa, pa, pa, pa, pa pa…” (canta)… porque yo tocaba el bajo en grupos, no exactamente latinos, pero sí gitanos con influencia latina, así que de ahí cogí aquel tumbao”, tan significativo, que define la canción.

Componía con el bajo, su instrumento principal por aquel entonces: “Es que en aquella época no quería cantar, estaba tocando de hecho en varias bandas: en la Bel Canto*, que era más vanguardista, tocando con juguetes… en un grupo de rumba gitana donde era bajista, y en un grupo más flamenco donde éramos todos gitanos… mezclé todas esas influencias con mi voz, que era muy pop y francesa, y lo latino. Fue mi primer trabajo en solitario como cantante… en esos años no se hacía esa mezcla entre pop, flamenco y aires latinos”.

Las Tres Mil Viviendas (y otros escenarios)

Aunque afincada en Barcelona, la vinculación entre Cathy y las Tres Mil Viviendas -nombre oficioso que abarca seis barriadas sevillanas del Polígono Sur- es antigua. Tanto que puede decirse que es allí donde se inspira para componer “Bolleré”, a posteriori, en Barcelona. Después, dado que la discográfica era belga y gozaba de cierta carta de libertad, enfiló al sur para grabarla, en 1990. Pidiendo ayuda a un amigo para que le pusiera teclados, y poniendo a Raimundo “a cantar los coros”. La grabación primigenia del “Bolleré” se registró con Jesús Bola, de Pañoleta Records, cerca de las Tres Mil (“en el estudio de al lado estaba Ricardo Pachón, produciendo cosas de Camarón”).

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La francesa, con su gente de Los Blancos (Sevilla Este). Foto: Archivo personal.

Así pues, la ligazón con las calles del barrio hispalense es doble. Primero por la propia relación de Claret con la familia Amador, y aquel sitio en particular. Ella señala que lleva más de tres décadas yendo a ver a sus primos a las Tres Mil. ¿De dónde vendrían los parentescos? Habría que remontarse a la juventud de la compositora, haciendo la vendimia francesa, donde “había muchos gitanos de Barcelona y Sevilla”. Allí se encontraría con la que finalmente acabaría siendo su familia. 

Su difícil infancia hizo de ella una persona nómada, carente de raíces. Sin lugar a dudas, en la comunidad gitana halló un sitio elevado, en el que siempre ha disfrutado de mucho respeto. Empezando por el propio Raimundo, que lleva tiempo encargándose de aclarar que, en el caso de “Bolleré”, él hizo una versión de Claret y no al revés.

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Cathy Claret, visitando San Roque. Foto: Archivo personal.

Fue en esa ida y vuelta de las Tres Mil donde surgió la canción. “Hay mucho desconocimiento en general, pero los gitanos están muy relacionados entre ellos, estén en Francia, en Barcelona o en las Tres Mil… de hecho, el barrio gitano francés que conozco se llama las Tres Mil también… en Barcelona, San Roque o La Mina son todas las mismas familias, más o menos. Existe mucho movimiento entre estos barrios, en bodas y celebraciones… en Francia hablan francés, castellano y también caló”. Esta comunidad es su “universo natural”.

Un universo donde se fumaba bastante: “Me hacía mucha gracia porque en las Tres Mil todo el mundo buscaba este papel, que no se vendía en España, entonces yo procuraba traerlo desde Francia, cartones enteros…”. Con su acento “francés-caló” -así lo denomina ella-, Claret igual se plantaba allí sola que con su padre, “que conectó muy bien con Rafaelillo Amador”.

La idea de escribir la canción surgió en uno de los frecuentes viajes que Cathy hacía desde el sur de Francia a Sevilla. Se había convertido en la suministradora del valioso papel de fumar. Lo traía de Francia para pasárselos a sus amigos de las 3.000 viviendas, ya que este tipo de marca no se comercializaba en España. Haciéndose con aquel estilo de vida, comprobó como, con respecto al fumeteo, “Bolleré” estaba destinada a convertirse en una especie de “código secreto”.

La canción arrastró este halo; esto hizo que fuese tremendamente popular en las cárceles durante algún tiempo. La versión de Arrajatabla, la banda de Raimundo, tuvo mucho predicamento en chirona precisamente por decir lo que no se podía decir. Claret cuenta la anécdota de una abuela romaní que conocía y que, estando en prisión, cantaba el “Bolleré” antes de que la canción explotase ante el gran público. “Antes fue famosa en los ambientes carcelarios”, dice.

Reacción de la discográfica

Aquella primera grabación se realizó sin producción, casi. Es decir, prácticamente en directo. Producida y firmada por la propia Cathy Claret -y con las voces secundarias de Raimundo- “Bolloré” no sería bien recibida por la discográfica: “Lo que querían vender era mi voz, era lo que les gustaba e interesaba. Casi molestaba que yo fuese autora, compositora y productora, habrían preferido hacerme la letra, la música, todo… mala suerte para ellos”.

Su primer éxito internacional lo había compuesto en español (“Por qué, por qué”), pegando a nivel global. Aquello hizo que el sello le diese cancha a la artista (“me mandaban un poquito de dinero y hacía mis inventos”). Pero quizá con esta canción se pasó de frenada. “Me decían, qué letra más tonta, venga a repetir Bolloré… tuve muchos choques con mi discográfica”. No lo veían, puesto que se estaba alejando de la chanson pop de corte galo.

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Claret, rebelde ante su destino en la chanson pop. Foto: Archivo personal.

Pese a residir en España, Cathy no veía sus trabajos discográficos publicados aquí. Finalmente el sello la abandonó, lo que vino seguido de un período sin contrato demasiado largo. El disco del “Bolloré”, “Soleil y locura” (Les Disques Du Crépuscule, 1991) le costó caro. “Había peleado mucho y era muy joven, tenía 24 años y cara de niña, pero la fusión que traía aquel álbum era muy pensada”. El precio que pagó fue tan alto que además de sin discográfica se quedaría, durante una buena temporada, sin el reconocimiento como compositora del tema. Se alejó igualmente del mercado japonés, que por fortuna recupera con “Primavera” (Respect Records, 2018).

A las hieles seguirían las mieles. Además de su extraordinario éxito en el mercado nipón (donde tiene imitadoras, incluso: allá la llaman “queen of whisper voice”), la artista no ha dejado de rular por el mundo, a su manera. Así llamó, de hecho, a su penúltimo disco, “Solita por el mundo” (Warner, 2015). Que supuso, de alguna manera, la confirmación de un talento que resiste a tendencias cada vez más fugaces… Libre.

Su conocido nomadismo, igualmente, la ha ido convenciendo de lo extraordinariamente conocido que es el “Bolleré” en todas partes. En unos barrios gitanos que la reconocen como autora de este himno. Que se saben canciones tan conocidas de su repertorio como “La chica del viento”. Claret se siente muy respetada por su gente.

Geneaología y evolución del “Bolleré”

Se trata de un respeto mutuo, puesto que la francesa se considera deudora de las “cintas de gasolinera”, recibidas por la crítica y parte del público con cierta condescendencia en su momento “por puro racismo: ahí siempre hubo buenísimos artistas”. Gente que la influyó en su manera de abordar la música.

Reconoce haberse inspirado en artistas como Antonio García Solomando, El Pelos, cuyo gran éxito “La grifa” fue por cierto abordado en este artículo sobre el cannabis en el flamenco. También en otros discos procedentes de las casetes de carretera. Otro precedente para ella es una gitana vieja, La Marelu, que cantaba “Eso que fuman los moros”.

Raimundo Amador hizo una primera versión del “Bolleré” con Arrajatabla. No sería la última. La versión de B.B. King y Amador le insufla orgullo a Cathy… tanto como que se sepa que es la autora de la composición y la letra. Con el de Misisipi colecciona su anécdota correspondiente, como cuando durante una gira alguien le comentó que “Bolleré” tenía autoría femenina. A lo que King contestó: “When a song is good, is good”.

A Cathy le gustan las versiones realizadas por Raimundo: todas ellas en realidad. En cuanto a las grabaciones propias, se quedaría con ésta en especial (en directo, junto a su querido Rafael Amador), así como con la original: la grabada en La Pañoleta, hecha “casi sin medios”. Existe una segunda versión que quiso abordar de manera distinta, pero salió “demasiado chill”. Por otra parte, la última versión que grabó del “Bolleré” fue para incluirla en su disco japonés, compuesto por una decena de canciones inéditas: “al trabajar con un músico muy fan de la canción, Esteban García, decidí volver a tocarla, pero más por darle gusto que otra cosa”. 

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Durante su cumbre con B.B. King. Foto: Archivo personal.

Otros artistas que se han acercado a la canción han sido Aurora Losada, Sorderita, Steve Conte (guitarrista de una de la encarnaciones recientes de New York Dolls)… “la ha cantado todo el mundo”, dice Claret. “Yo misma, muchas veces, paseando por una candela en un descampao, he escuchado a gente cantando mi canción, ¡y eso es lo mejor que le puede pasar a un compositor, es muy bonito!”.

Ahora bien, en el colmo de lo bonito estaría la versión trapera, casi, de un admirador churumbel. “Quiero hacer una versión de esta versión”, dice entre risas. “Sí, porque esta me gusta mucho, es un niño de cuatro años, el hijo de un gitano muy joven, Joel Salazar, que es mega fan mío y de la canción”.

Así canta el “Bolleré” en versión trapera el niño de cuatro años de uno de sus fans, Joel Salazar.

La gitanidad de Cathy

La artista no se cansa nunca de reivindicar aquel maridaje, poco frecuente en esos años. Aunque en general, puede decirse que, hoy en día, como embajadora de la gitanidad la Claret no tiene parangón. Como si de una Alan Lomax del siglo XXI se tratara, su recorrido por los barrios franceses y españoles a lo largo de estos años le ha proporcionado un material que recoge, incansable, en vídeos y publicaciones. Eso sí, ella aclara que es algo natural (“es lo que vivo, no lo hago en plan sociológico, es que es mi vida cotidiana”). Las redes sociales, en su caso, han sido una plataforma inigualable.

Con su padre asistió a la primera boda gitana de pequeña, en la región de la Camarga, al sur de Francia. Y visitó Saintes-Maries-de-la-Mer, en la misma región, por ser un sitio de peregrinaje de los gitanos franceses. Ahora lleva más de un centenar a sus espaldas. Es en estas celebraciones (bodas, cumpleaños, pedimientos…), o cualquier día en cualquier casa gitana, donde la artista percibe por dónde van los tiros en lo que a tendencias musicales gitanas se refiere. En este sentido, se enorgullece de conocer música antes de su, digamos explosión (“modestia aparte”, dice). “Siempre me ha gustado descubrir la música por mí misma, no en revistas ni por recomendaciones de gente…”.

Música popular hecha por romaníes millennials (e incluso Generación Z, como Samueliyo Baby) en una era donde el racismo institucional es, según Claret, evidente. Pone de ejemplo tiempos anteriores en los que, pese a la cretinidad de la industria, se apostaba por artistas como Las Grecas, Los Chichos o Manzanita. El trapetón -reguetón y trap- que lleva escuchándose en fiestas y pedimientos desde hace un lustro, al menos, no se ve reflejado en las publicaciones musicales: “Existe una segregación muy fuerte”, denuncia Cathy. 

“Hace varios años que hago play lists en Radio Gladys Palmera, casi todas ellas enfocadas al mundo gitano claro, porque es lo que conozco, y meto mucho trap: artistas como Moncho Chavea, La Puri o Chanel, a la que considero la primera trapqueen, que no es gitana pero creció en los barrios. Estoy un poco mosqueada porque compruebo cómo los modernos y mucha gente ahora se apuntan ahora al trap sin saber de dónde viene…”, señala. 

Cannabis: su postura

“No he fumado nunca ni he sido fumeta, pero nadie me cree por culpa de la canción”, ríe. Admite, sin embargo, haber vivido rodeada de gente que fumaba. En ese sentido, Claret lo dice claro, su canción reivindica la libertad de fumar (“es una oda a la legalización”). Para la artista, el cannabis no resiste la comparación con otras drogas duras, que por cierto detesta. “El alcohol es mucho peor”, recalca.

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“Rubia como las candelas…”. Foto: Teo Vázquez.

La finura del papel, convertida en leyenda gracias a la tonada de la francesa, hacía que fuese muy codiciado en un país que aún, con respecto a la distribución de este tipo de productos, andaba bien corta. A raíz de la canción, los de OCB empezaron a exportar el papel… ¡Qué papel, y qué promoción!

Sin embargo, la historieta más divertida, ligada a esta canción, la protagonizó su propia compositora. Fue en aquellos tránsitos entre Francia y España. “Antes, cuando existía la frontera entre los dos países, viajaba en el famoso Talgo… en una ocasión llegué a llevar conmigo 400 librillos de papel de fumar.

Los agentes de la aduana subieron en Figueras y me preguntaron por qué llevaba tantos papeles… contesté que era para hacer una escultura moderna, que hacía una pasta con los papeles… menos mal que me salió la imaginación”. Coló, cosa que Cathy todavía recuerda entre risas: “Me vino muy bien, porque los agentes se estaban poniendo bordes”.

Texto: Isabel Guerrero. Fotos: Teo Vázquez y archivo personal de Cathy Claret. Todos los derechos reservados

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Isabel Guerrero (Málaga, 1975) Licenciada en Periodismo por la Universidad de Málaga (UMA). Máster en Desarrollos Sociales de la Cultura Artística por la misma universidad (“A Different Kind Of Tension. Discursos artísticos, marginales y musicales en las escenas del punk”, fue su TFM). Su Proyecto Fin de Carrera se tituló “Los fanzines musicales en España en los años 90. Análisis de un proyecto de comunicación alternativa”. Ha participado en ensayos colectivos como “Coordenadas. Pensar la sociedad en clave feminista” (Fundación Málaga, 2017) y “Cómic digital hoy. Una introducción en presente” (ACDCómic, Asociación de Críticos y Divulgadores de Cómic de España, 2016). También ha escrito diversos textos para exposiciones artísticas: individuales, colectivas y temáticas.

Periodista y crítica cultural, copy, redactora SEO, escritora y locutora freelance. Trabaja habitualmente para agencias de publicidad y comunicación, así como para empresas de diferentes ámbitos, como profesional de la comunicación y agente de prensa independiente. Ha escrito y colaborado en medios de comunicación (M80 Radio, El Correo de Málaga, Metrópoli, Radio 3, Canal Sur, Málaga Hoy). En la actualidad firma de manera regular críticas, artículos y entrevistas en Rockdelux (en las secciones de Cómics, Libros Pop y Libros), y ocasionalmente colabora con medios y proyectos como El Salto o la Asociación de Promotores Musicales (APM). Es batería y backin’ vocals de Esplendor, grupo con el que tiene publicados varios EP.

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