Sierra Otomí Tepehua. Etnografía sobre la utilización y consumo de la Tzö Dapö

otopamesPor años el estado de Hidalgo en general, ha sido considerado una entidad de profundas desigualdades sociales y escaso desarrollo social, económico y político. Por lo tanto, las comunidades de la Sierra Otomí Tepehua, reflejan condiciones de exclusión, marginación, discriminación e inequitativo acceso al derecho fundamental de una vida digna.

Los poblados que conforman la Sierra se encuentran en una constante adaptación y resistencia ante los procesos de modernización; ya que, tienen que enfrentar la realidad de desempleo y pobreza, sin dejar a un lado el fenómeno del intermediarismo (“coyotaje”) al que tienen que afrontarse constantemente, siendo los indígenas los principales afectados.

Indudablemente el factor socioeconómico es el principal impulsador migratorio trayendo consigo una serie de transformaciones económicas, culturales, educativas, religiosas y de socialización, entre otras.

Dentro de toda esta serie de transformaciones que sufre constantemente la Sierra, haré mención de un elemento representativo en la cultura otomí, y me refiero al uso ritual de la “Santa Rosa” entre los bädi  y el uso del Tzö Dapö como uso recreativo entre los jóvenes de una comunidad en específico.

También, es importante mencionar los motivos que influyeron en mí para observar éste fenómeno en la Sierra Otomí-Tepehua.

Independientemente de los temas de investigación realizados por parte del Museo Nacional de Antropología que me llevaron a conocer la región, fue mi experiencia adquirida desde el año 2002 hasta la fecha en una comunidad en los altos del Estado de Morelos donde he observado la dinámica social, económica, cultural y religiosa de sus habitantes.

Y me refiero, a una comunidad campesina y mestiza que práctica desde hace muchos años el cultivo clandestino de mariguana como factor económico principal dentro de la comunidad y la relación estrecha de forma ritual con el culto a la Virgen de la “Mariguana”, que así es nombrada por ellos mismos, quien es la Virgen de Guadalupe, y es la misma imagen que ejerce esa representatividad mayor dentro de toda esta religiosidad popular practicada en estos contextos vulnerables, donde se efectúan acciones ilícitas y que a pesar de que viven en la intranquilidad constante, estos campesinos siguen trabajando de esta manera.

Tema de estudio por parte de algunos investigadores, colegas que me han permitido presenciar estas historias durante diez años aproximadamente, lo que me permitió detectar esta otra realidad en la Sierra Otomí-Tepehua y así poderme acercar a estudiar sobre los mal llamados “pueblo de los mariguanos”.

De acuerdo a éste fenómeno migratorio en la Sierra, hablaré de un caso en particular: Existe una comunidad conocida como “el pueblo de los mariguanos”, tal nombramiento se comenzó a rumorar en sus alrededores, a partir de que los hombres que migraban a Estados Unidos y regresaban después de un tiempo o eran deportados, llegaban a su lugar de origen y reproducían algunos de sus nuevos hábitos adquiridos como el consumo de la mariguana, despertando el interés y curiosidad de los demás hombres de la comunidad que aún no salen a fuera de su poblado, y como consecuencia al observar que es una práctica adquirida “de allá del norte”, del mismo modo la adoptan.

Los delegados del pueblo narran que en las décadas del siglo XX entre los 70” y los 80”, fueron los primeros años en que su gente comenzó a migrar a Estados Unidos, siendo Texas la primera ciudad a la que llegan y que se convirtió en el principal asiento para tal grupo étnico otomí y algunos mestizos de esta región, convirtiéndose en los originarios en realizar este desplazamiento fuera de su tierra, enfrentando el peligro constante de perder su vida y su libertad.

Innumerables contratiempos y barreras son las que tienen que enfrentar y no solamente físicas en cuestión de caminos, climas y distancias, sino también, padeciendo la más dura y cruel, la barrera del idioma ocasionando la discriminación, convirtiéndolos en objetos de burla, maltrato y abuso.

Una vez que logran llegar al Estado de Texas, se reúnen con sus paisanos de la comunidad o con familiares si es el caso, y si corren con suerte, comienzan a trabajar inmediatamente (en la yarda [campo], en fábricas, en lava autos, etc.), sino, tardan algunas veces hasta meses para conseguir un empleo.

Pasando el tiempo y el crecimiento del flujo de migrantes, se fue creando una red de ciudades donde pernocta particularmente este grupo otomí de la Sierra. Texas (cabe hacer mención que el Estado de Texas tiene una política dura ante el uso terapéutico  y medicinal de la mariguana), Florida, Carolina del Norte y Virginia.

Esta movilización tuvo una consecuencia rápidamente, aceleró la migración de familias completas, obligándolas a abandonar totalmente sus casas, que ya habían sido reconstruidas o remodeladas en algunos casos.

Paisaje claro que podemos observar en el “pueblo de los mariguanos”, a la entrada del lugar, primeramente se contempla el panteón, después comienzan a figurar casas de doble piso y de cemento y una que otra con diseños extravagantes.

Conforme se va ingresando a la comunidad, se pueden mirar aún, casas de madera, de teja y eso sí todas o casi todas independientemente de que sean de una construcción moderna, antigua o precaria, todas tienen en común en sus patios un temazcal[1], tradición que continúa siendo vigente.

Según Valenzuela Arce, la cultura de origen sufre transformaciones durante el proceso migratorio, pero sin perder por completo su carácter. Y Jorge Bustamante complementa diciendo que la cultura de los migrantes sobrevive gracias a la conformación de los enclaves que constituyen un espacio propicio para la reproducción o recreación de ciertos elementos culturales, como las relaciones de parentesco y de género o la organización de la cotidianidad.

Indudablemente, el proceso de aculturación[2] es experimentado en la comunidad por la llegada o deportación de algunos hombres, principalmente jóvenes que comienzan a delinquir en las casas abandonadas por sus paisanos.

Este estilo de vida es adoptado por las últimas generaciones en el “pueblo de los mariguanos”, y ha traído consigo también, toda una construcción sobre el tema de drogas[3] dentro y fuera de la comunidad.

Algunos entrevistados platican que del año dos mil en adelante, comenzó a disminuir el flujo de migrantes a Estados Unidos, por la razón de que ya se convirtió más peligroso y riesgoso el cruce para “el norte”.

Lo que implica, mayor concentración de jóvenes en el poblado y mayor tiempo de interacción y socialización, y al mismo tiempo, la situación del escaso empleo sigue siendo el contexto de hace algunos años atrás, donde los papás o los abuelos se vieron obligados a ser los primeros migrantes.

Una de las décadas de mayor auge sobre el consumo de la mariguana, el uso recreativo y el aumento de la delincuencia  fue a los inicios del año dos mil.

Respecto a esto, cuenta una de mis informantes claves, lo siguiente:

Yo era muy niña y recuerdo que regresó un tío lejano de Estados Unidos al Pueblo y daba miedo a la gente, porque llego presumiendo que él allá “en el norte”, para no tener problemas en el vecindario donde vivía tuvo que ser parte de una pandilla llamada “Sur 13”, “los sureños”, y que aprendió a pelear, a defenderse y a no dejarse de nadie.

Llegó al pueblo porque lo andaban buscando ya que había matado a alguien allá, y comenzó a hacer aquí lo que aprendió.

Formó una pandilla y decían que eran “sureños”, se dedicaban a robar y a fumar mariguana. Al que quería ser parte de la pandilla lo golpeaban todos los integrantes durante 20 segundos y si aguantaba era ya parte de la banda.

 En ese entonces fue cuando se hizo más evidente que fumaban mariguana, como la había probaron de allá “del norte” y regresaron, para algunos fue fácil hacer sus cultivos clandestinos para su propio consumo, y que cuando no tienen la traen de “Tepito”, en la ciudad de México.

No recuerdo porque fue, pero mi tío mato a un señor de aquí y se fue para que no lo agarraran y regreso “al norte”, y al poco tiempo entró a prisión y dicen que se suicidó, pero nosotros creemos que lo mataron.

Así fue como surgieron las pandillas y también que fumaran más mariguana, ahora, ya es muy común que lo hagan los chavos, ya hay niños desde los doce años que fuman, y al mismo tiempo comenzaron a ser cada vez más los robos.

No hacemos nada porque tenemos miedo de que nos hagan algo, hasta los mismos Delegados que han estado en turno no han resuelto nada. Por eso, es tan normal que veas  a los chavos fumar en la calle, y en el centro en donde está la cancha.

Anónimo. Noviembre 2014.

La ubicación geográfica del “pueblo de los mariguanos”, los privilegia con dos climas diferentes, uno es en la parte alta, es el clima idóneo para el cultivo de maíz y frijol (que se cosecha dos veces al año), y el otro, es en la parte baja que contempla un panorama cálido propicio para el cultivo del café (en el cual pueden hacer la corta de dos a tres veces por año cuando les fue bien y si es así, salen a venderlo a las comunidades aledañas).

Estas actividades del campo y del café, como el pintado de artesanías o los mismos bordados y el comercio, son algunas opciones de empleo que ya no llama la atención de los jóvenes principalmente y se les hace más práctico inclinarse a actividades ilícitas que resultan ser fáciles y principalmente rápidas para la adquisición de dinero.

Por el momento, sólo podría mencionar que en éste primer acercamiento etnográfico acerca del “pueblo de los mariguanos”, la práctica ilícita del cultivo de “Tzö Dapö” (hierba mala, mariguana en otomí), que se efectúa para el autoconsumo. Y a su vez,  el consumo cada vez es más grande y abarca ya desde niños de 12 años hasta la edad adulta máximo de 40 años.

Por lo tanto, el uso recreativo de la mariguana en la localidad, ha fundado todo un estigma o “leyenda” dentro y fuera de ella, los habitantes mencionan que suelen ocurrir peleas, algunas veces asesinatos, y comportamientos violentos que son relacionados automáticamente y causados por el fumar mariguana.

Lo que sí es cierto, es que efectivamente, constantemente se presencian actos violentos por parte de algunos de los jóvenes donde en una ocasión observé cómo un joven horas después de que lo entreviste apareció en el centro del pueblo en la cancha gritando y ofendiendo a todas las personas presentes, algunas palabras eran en inglés y otras en otomí, y como ya es algo común para los lugareños, simplemente comenzaron a reír y a provocarlo convirtiéndolo en el bufón del pueblo en esa noche.

En este caso podría decir, que el joven que se convirtió de un momento a otro violento ya que llevaba horas tomando cerveza y una vez encontrándose en un estado alcoholizo probablemente fumó mariguana y es por eso que el pueblo menciona que cuando están mariguanos es cuando se vuelven violentos y delincan.

Hago hincapié que este personaje que horas antes entreviste, me platico que lo deportaron de Estados Unidos por la venta y consumo de “hielo”[4] (una forma de metanfetamina, estimulante potente y adictivo y que normalmente se fuma), y cocaína[5]. Lo que me lleva a pensar que existe algún otro tipo más de ingesta de drogas en la comunidad y que solamente se ha relacionado los comportamientos violentos y robos con el consumo de marihuana ya que es la más evidente a simple vista por los pobladores.

Tema interesante y abierto a investigaciones nuevas en el llamado “pueblo de los mariguanos”, ya que también, existe el consumo de otro tipo de drogas como la cocaína como fue mencionado en algunas entrevistas que realice.

La inseguridad dentro de la comunidad es un factor que agobia a los pobladores y que lo asocian con el consumo de mariguana, pero está la hipótesis de que existe también el uso de otras sustancias que “probablemente” influyan en el comportamiento violento que presentan algunos de los jóvenes en ocasiones, situaciones que propician inestabilidad en el poblado. Siendo evidente una comunidad vulnerable a partir de este proceso de estructuración social por el cual se encuentran transitando.

Hay que considerar que el consumo de drogas no es un invento de la modernidad, sino que históricamente tiene su origen en todos los pueblos y en todos los tiempos, por motivaciones rituales, mágicas, religiosas, recreativas el hombre ha consumido sustancias de origen vegetal que afinaban sus sentidos, que les conferían fuerza y resistencia, que adormecían sus facultades o los transportaban a otra realidad. Esta particularidad las convertía en plantas mágicas, sagradas dignas de respeto y reverencia pues eran sin duda puentes entre los hombres y los grandes poderes sobrehumanos.

Me parece de suma importancia mencionar los dos usos que he observado que se le da a la planta de la mariguana[6] en la región de la Sierra Otomí-Tepehua.

Por un lado, en las comunidades del oriente de Hidalgo, desde el Altiplano hasta la región serrana, se practica el uso ritual de la llamada “Santa Rosa” (“medicinita” y que le llaman “cantar”), nombre que designa a la Cannabis indica y que forma parte fundamental en los rituales realizados por los bädi (que significa en otomí el que sabe), y que principalmente es consumida en los costumbres (ofrendas dedicadas a las antiguas o santitos zithamu, ancestros primordiales.”[7] Ya que la planta es sagrada en este contexto y es la esencia de las mismas deidades.

Y por el otro lado, he observado cómo surgió el consumo de la Tzö Dapö en el “pueblo de los mariguanos” a partir de la migración y es usada de una forma recreativa y cultivada ilícitamente para autoconsumo.

El contar por el momento con un panorama general de la región de la Sierra respecto a las condiciones de Salud y la atención sobre el consumo de drogas de forma recreativa me obligó a relacionar este fenómeno de salud con el Programa Nacional para la Prevención Social de la Violencia y de la Delincuencia 2014-2018 que consiste en el otorgamientos de apoyos a las entidades federativas en el Marco del Programa Nacional de Prevención del Delito.

Donde el objetivo es incrementar la corresponsabilidad de la ciudadanía y actores sociales en la prevención social mediante su participación y desarrollo de competencias. Así como fortalecer las capacidades institucionales para la seguridad ciudadana en los gobiernos municipales/delegacionales, entidades federativas y federación.

Respecto al estado de Hidalgo, lugar de la zona de estudio, los recursos de subsidio fueron distribuidos en las ciudades principales de Pachuca de Soto, Tula de Allende y Tulancingo de Bravo.

Una puerta abierta para una posible investigación, atención a la salud respecto al uso, abuso, dependencia y uso problemático de drogas y obtención de financiamiento para disminuir la incidencia de la violencia en la comunidad para recuperar la seguridad y elevar el bienestar común fortaleciendo la cohesión social, y primordialmente la inclusión de estrategias y acciones en materia de identidad y participación juvenil con el fin de reivindicar los derechos de los jóvenes.

A manera de conclusión podría decir, que el “pueblo de los mariguanos” ha marcado  el hecho de que aquellos que han logrado migrar, pero que no han alcanzado el “sueño americano” y regresan debido al fracaso o por deportación, importan a la comunidad las “malas conductas” “del norte” organizando bandas delincuenciales que en realidad no es más que una manera de demostrar un tipo de poder y distinción principalmente para señalar que ya estuvieron en Estados Unidos.

Y por ende, como la comunidad ya tiene antecedentes y un historial migratorio, el colectivo imaginario mantiene vigente todos estos hábitos,  y comportamientos que caracterizan y particularizan al pueblo y lo distingue de los poblados aledaños.

Por lo tanto, el proceso de aculturación es evidente y la reestructuración social es dinámica a partir del constante fenómeno de la migración.

Proceso particular ocurrido en esta comunidad de la Sierra Otomí-Tepehua propicio para estudios e investigaciones futuras.

Bibliografía

Aguirre Beltrán, Gonzalo. “El proceso de aculturación”. Universidad Nacional Autónoma de México UNAM. Dirección General de Publicaciones. Primera edición, México 1957.

Arizpe, Lourdes. “Migración, Etnicismo y Cambio económico”. México 1979.

“Campesinado y Migración”. Ed. SEP. Foro 2000, México, 1985.

Baez Cubero, Lourdes. “El uso ritual de la Santa Rosa” entre los otomíes orientales de Hidalgo: el caso de Santa Ana Hueytlalpan. Cuicuilco, vol. 19, núm. 53, enero-abril, 2012, pp.155-174. Escuela Nacional de Antropología e Historia, Distrito Federal, México.

Broda, Johanna y Báez, Jorge Félix (coords.).”Cosmovisión, ritual e identidad de los pueblos indígenas de México”. Consejo Nacional para la Cultura y las Ates, FCE, México 2001.

Da Jandra, Leonardo. “La Hispanidad, fiesta y rito. Una defensa de nuestra identidad en el contexto global”. Plaza Janés. Primera edición México 2005.

Escohotado, Antonio. “Historia de las Drogas I”. Historia Alianza Editorial. Primera edición. Madrid 1989.

Galinier, Jacques. “Pueblos de la Sierra Madre. Etnografía de la comunidad otomí”. Instituto Nacional Indigenista. Colección Número 17. México 1987.

“La mitad del mudo. Cuerpos y cosmos en los rituales otomíes”. UNAM. Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos. INI. México 1990.

“El espejo otomí. De la etnografía a la antropología psicoanalítica”. INAH, CDI, CEMCA. México 2009. NATIONAL INSTITUTE ON DRUG ABUSE. The Science of Drug Abuse y Addiction. NIDA

[1] Entendemos temazcal como casa, templo de vapor, siendo un baño  con hierbas empleado en la Medicina Tradicional y religión de las culturas mesoamericanas.

[2] Aculturación comprende aquellos fenómenos que resultan cuando grupos de individuos de culturas diferentes entran en contacto continuo y de primera mano, con cambios subsecuentes en los patrones culturales originales de uno o de ambos grupos. Aguirre Beltrán (1957).

[3] De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS) Droga: Es toda sustancia que, introducida en el organismo por cualquier vía de administración, produce una alteración de algún modo, del natural funcionamiento del sistema nervioso central del individuo y es, además, susceptible de crear dependencia, ya sea psicológica, física o ambas.

[4] La metanfetamina es un estimulante sumamente adictivo que afecta el sistema nervioso central. Aunque la mayoría de la metanfetamina que se usa en este país viene de laboratorios internacionales o nacionales, también se puede producir fácilmente en pequeños laboratorios clandestinos con ingredientes relativamente económicos que se pueden conseguir sin receta médica. Estos factores hacen de la metanfetamina una droga con un alto potencial para el abuso masivo. Se conoce comúnmente como “anfeta”, “meta”, y “tiza” en español o como “speed”, “meth” y “chalk” en inglés. Generalmente se refiere a la forma de la droga que se puede fumar como “hielo” (“ice”), “cristal” (“cristal”), “arranque” (“crank”) y “vidrio” (“glas”). Es un polvo blanco, cristalino, sin olor y con sabor amargo que se disuelve fácilmente en agua o licor. La droga fue desarrollada a comienzos del siglo pasado como derivado de la anfetamina y originalmente se usó en descongestionantes nasales e inhaladores bronquiales. Al igual que la anfetamina, la metanfetamina aumenta la actividad y el habla, disminuye el apetito y produce una sensación general de bienestar. Sin embargo, la metanfetamina difiere de la anfetamina en que, cuando se usan en dosis similares, son mayores los niveles de metanfetamina que entran al cerebro, haciéndola una droga estimulante más poderosa con efectos más duraderos y dañinos sobre el sistema nervioso central. NATIONAL INSTITUTE ON DRUG ABUSE. The Science of Drug Abuse y Addiction NIDA.

[5] La cocaína es una droga derivada de la planta de la coca y generalmente tiene la apariencia de un polvo blanco. El polvo de la cocaína se inhala a menudo por la nariz o se puede disolver en agua e inyectarse en las venas. Algunos términos comunes para describirla en español son “talco”, “nieve” y “coca”. En inglés a menudo se conoce como “coke”, “snow”, “blow”, “lady” y “flake”. NATIONAL INSTITUTE ON DRUG ABUSE. The Science of Drug Abuse y Addiction NIDA.

[6] La mariguana es la droga ilícita de abuso más frecuente en los Estados Unidos. Es una mezcla de color café verdoso de flores, tallos, semillas y hojas secas y picadas de la planta de cáñamo, Cannabis sativa. Tiene efectos a corto plazo del consumo incluyen euforia, percepción distorsionada, pérdida de memoria y dificultad para pensar y resolver problemas.

[7] Baez Cubero, Lourdes. “El uso ritual de la Santa Rosa” entre los otomíes orientales de Hidalgo: el caso de Santa Ana Hueytlalpan. Cuicuilco, vol. 19, núm. 53, enero-abril, 2012, pp. 155-174. Escuela Nacional de Antropología e Historia, Distrito Federal, México.

Imágenes: www.bordadorasarcoiris.com www.otopames.com

Texto: María Guadalupe Ramírez. Todos los derechos reservados

mariaguadalupeMaría Guadalupe Ramírez (1979 México DF) Licenciada en Antropología Social. Diplomada en  Medicina Tradicional y Terapias Complementarias por la Universidad Autónoma de Morelos. Ha realizado Trabajo de Campo con diferentes tipos de población, en el área de investigación antropológica en México y en Guatemala, en temas de religiosidad popular, creencias y prácticas medicinales tradicionales mexicanas, salud-enfermedad en torno a los usos de drogas y su situación sociocultural, y el consumo ritual y lúdico de cannabis en comunidades indígenas para la elaboración de libros y artículos, así como también en la participación de documentales de carácter antropológico e histórico.

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