Los Cátaros y su relación con el cannabis

200px-cathar_cross-svg_La llamada herejía cátara comenzó en el norte de Francia y Países Bajos a finales del siglo XI y se desarrolló en la Francia meridional y alta Cataluña durante los siglos XII y XIII. Los albigenses eran una secta cristiana seguidora del sistema maniqueísta dualístico, que durante siglos floreció en la zona del Mediterráneo. Se llamó “albigense” por la ciudad de Albi, donde la secta tuvo su principal sede. El nombre cátaro significa “puro” en griego. En el norte de Francia eran conocidos por “publicanos”; en la Dalmacia y en el norte de Italia como “pataninos”, y en la región del Rhin, “ketzer”, cuyo nombre se convirtió en sinónimo de hereje.
Las herejías, que fueron reprimidas con mucha fuerza en los países nórdicos, gozaron en cambio de cierta tolerancia en los países meridionales, aunque fueron aprobadas algunas sentencias de muerte contra los herejes más significativos. El papa Inocencio I y San Bernardo comenzaron a lanzar proclamas contra la heregía cátara o albigense. Perseguidos y expulsados del norte, los predicadores cátaros se trasladaron hacia el sur, logrando tener una gran aceptación en las provincias semi-independientes del Languedoc y las áreas próximas.

Esta tolerancia permitió que algunas de tales herejías se propagaran con suma rapidez, como la de los neomaniqueos, que se inició en Tolosa, en la Provenza francesa. A medida que ampliaba su radio de acción, la herejía de los cátaros, que fue la raíz de otras varias, fue adquiriendo nombres diversos con los que se designaban sus adeptos en las distintas regiones europeas. Comenzaron a extenderse desde Languedoc, donde fomentaron el aprendizaje de la medicina, la música y la medicina. Estaban muy influidos por lo oriental. Se organizaron escuelas que estudiaban manuscritos árabes y cabalísticos. Recibían a los trovadores que eran muy valorados por su gusto a la poesía y la música. Los mejores poetas se encontraban en los castillos de los Pirineos.
El catarismo se expandió como respuesta a la corrupción reinante en el clero durante aquel tiempo. Llevaban consigo el evangelio de San Juan, en éste leían el mandamiento divino de que Dios era amor, y de que estar con él era habitar en el amor. Lo hicieron predicando el amor y considerando que la riqueza no era mala en esencia, siempre que se utilizara para realizar el bien. Se vieron rodeados de fieles que dejaron de acudir a las iglesias donde los sacerdotes les estaban amenazando siempre con el castigo eterno. Los cátaros llamaron a sus sacerdotes y sacerdotisas los “perfectos” o “perfectas” (Scott, 2002:170).

berruguete_ordeal-661x1024El credo cátaro
Sus orígenes son el mazdeísmo, el gnosticismo y el maniqueísmo. Los albigenses creían que toda la existencia se debatía entre dos dioses independientes y separados: el dios de la luz, la bondad y el espíritu, generalmente asociado con Jesucristo y con el Dios del Nuevo Testamento; y el dios del mal, la oscuridad y los problemas, al que identificaban con Satán y con el Dios del Antiguo Testamento. Temas sujetos a fuertes debates eran si las dos deidades ejercían el mismo poder o si las fuerzas del mal estaban subordinadas a las del bien. Por definición, cualquier asunto material, incluyendo la salud, la comida, y el mismo cuerpo humano, era perniciosa y aborrecible (el mundo, la materia, es obra del mal). Como Satán había hecho prisionera al alma en el cuerpo humano, la única esperanza para la salvación humana es la de llevar una vida buena y espiritual. Gozando de una vida buena, las personas podrían lograr liberarse de la existencia material después de su muerte. Si no se lograra llegar a la virtud durante el transcurso de la vida, el alma volvería a nacer convertida en ser humano o en animal. Su doctrina se basa en el dualismo. Sus conceptos básicos son que toda buena acción favorece a los buenos poderes; toda mala acción favorece a los poderes del mal y retrasa la victoria de Dios.
Los deberes del creyente se resumen en tres mandamientos:
1. Tener buenos pensamientos
2. Pronunciar sólo buenas palabras de consuelo
3. Realizar buenas acciones
Afirmaban que Dios quiso salvar al género humano y envió a su Hijo, pero no a un Hijo consustancial con el Padre, sino un ángel con cuerpo de hombre aparente, y como este ángel no había pecado tampoco tenía que sufrir su unión con la materia. De esta creencia se desprendía que Jesús no padeció ni murió y tampoco resucitó. María también era un ángel y de mujer solamente tenía la apariencia. La Redención era tan sólo las enseñanzas que dio Jesús para liberarse de la adoración al principio malo, de la angustia y la tiranía de la materia.
Los cátaros eran grandes defensores al principio de la iglesia primitiva, consideraban que ésta, a partir de Constantino, estaba completamente corrompida era la representación de Satán. Tampoco les merecían crédito alguno los dogmas de la transustanciación, el purgatorio, la resurrección de la carne y la utilidad de rezar por los difuntos. Los cátaros afirmaban que existían dos iglesias; la que había pactado con el poder del César y la que había seguido fielmente a Cristo. Entre sus objetivos estaban:
1. Destruir las iglesias ya que se puede orar en cualquier parte.
2. El pan bendecido por los sacerdotes no se diferencia del pan bendecido por un laico.
3. No debería de haber ni ricos ni pobres.
4. La Iglesia de Roma es una caverna de ladrones.
También rechazaban el bautismo por no reconocer santidad ni virtud alguna al agua bendita. Los templos, las imágenes, la cruz. Para ellos Dios no moría en los templos sino en el corazón de sus fieles devotos.
Naturalmente, creyendo fanáticamente tales posturas, muy pronto fueron objeto de las más violentas condenas, siendo varios concilios los que se ocuparon primordialmente de esta herejía, así considerada por los miembros de la Iglesia Romana. En el concilio de Tours, en 1163, se expresó una total unanimidad contra la herejía cátara y, adoptando medidas prácticas se ordenó a los obispos que lanzaran la excomunión contra los que autorizaban a los herejes a permanecer en los territorios bajo su mando; igualmente, era preciso condenar a cuantos entablasen tratos de compra o venta de mercancías con los cátaros. A los príncipes se les ordenó encarcelar a los herejes, confiscándoles los bienes. Siguieron diversos concilios, el de Letrán en 1179, el de Verona en 1184, y así sucesivamente.
Para los cátaros todo lo relacionado con los bienes materiales era fundamentalmente perjudicial. El verdadero cátaro debía vivir del trabajo de sus manos, del sudor de su frente. Rechazaban los honores, la guerra y el poder. Castigaban el cuerpo con ayunos y mortificaciones, incluyendo las flagelaciones. Además, eran unos vegetarianos convencidos y sumamente estrictos.
También tenían prohibido el matrimonio puesto que la carne era algo diabólico y el casamiento, o sea el sexo, retrasaba el regreso de las almas al cielo. Los cátaros estaban convencidos de que la muerte corporal era la liberación del alma. La muerte se consideraba un bien y estaba autorizado el suicidio, pues con el mismo adelantaban la hora de su llegada al cielo. Los cátaros bendecían el pan pero no aceptaban la Eucaristía.
Como esta moral era difícil de seguir en todas sus reglas, los adeptos se dividieron en dos categorías: “creyentes” y “perfectos”. La mayoría de los cátaros tan sólo eran simpatizantes, sólo se les exigía que se arrodillasen al paso de un “perfecto” para obtener su bendición. Los creyentes estaban dispensados de los deberes más penosos. Podían casarse, dedicarse al comercio, poseer bienes, ser omnívoros, ingresar en un ejército y disponían de otras facilidades. Sin embargo, en peligro de muerte debían recibir el bautismo espiritual mediante la imposición de manos y como un modo para asegurar su salvación, se abstenían de comer y de beber. Dicho bautismo lo podían recibir los hombres y las mujeres pero no los niños. Si el creyente se recuperaba, debía entonces vivir como perfecto o suicidarse. Los perfectos observaban con gran rigor la moral cátara. No era posible ser perfecto sin haber recibido antes el bautismo del espíritu, y luego tenían que romper todo vínculo familiar y dedicarse a predicar de un país a otro, administrando el bautismo espiritual. Llevaban vidas de un ascetismo extremo. Renunciaban a todo lo que poseían, sobreviviendo sólo con las donaciones que hacían los otros miembros de la comunidad. Tenían prohibido prestar juramentos, tener relaciones sexuales y comer carne, huevos o queso. Sólo los perfectos se podían comunicar con Dios por medio de la oración. Los simples creyentes podían aspirar a convertirse en perfectos después de un largo periodo de iniciación, seguido por el rito del consolamentum, o bautismo del Espíritu Santo por medio de la imposición de las manos.

Las persecuciones
800px-cathars_expelled-768x576Al principio, la Santa Sede no prestó mucha atención a la herejía cátara, pero más tarde se alarmó. En 1119 la persecución se tornó más violenta, ya que fue en ese año cuando Calixto II, en un concilio que presidió en Toulouse, condenó la herejía. En el año 1145, el cardenal Alberíco de Ostia, en su calidad de legado del papa Eugenio III, viajé a los países del Languedoc con el objetivo de atajar la expansión del catarismo, pero ante el fracaso de sus actividades, se vio obligado a llamar en su auxilio a Bernardo, siendo éste el que obtuvo de los herejes la promesa de un retorno a la ortodoxia.
En 1150, se inició ya la lucha contra la organización, pereciendo muchos de sus miembros en la hoguera, siendo otros hechos prisioneros por los militantes de la liga que formó Pedro Lombardo. La Iglesia cristiana trató de reconvertir a los albigenses por medios pacíficos, pero volvieron a fallar todos los intentos, el papa Inocencio III lanzó la Cruzada albigense (1209-1229) que reprimió a los seguidores de este movimiento de una forma brutal y a su paso desoló gran parte del sur de Francia. Sólo pequeños grupos de albigenses sobrevivieron en zonas muy desoladas, aunque luego fueron perseguidos por la Inquisición hasta finales del siglo XIV.
Envió a Pedro de Castelnau, en 1208 a fin de hacer cumplir las medidas adoptadas, pero Castelnau fue asesinado. Inocencio III, convencido de que el instigador del crimen era Raimundo de Tolosa, ordenó una cruzada contra este noble y contra la herejía defendida por él. El jefe de esta cruzada fue Simón de Monfort, que ganó la batalla de Muret, adueñándose del titulo de conde de Tolosa.
En esta cruzada, en la que la Iglesia prometía a todos los que en ella se alistaran la misma indulgencia que se concedía a los cruzados de Tierra Santa, el ejército de los cruzados aumentaba día a día. Quienes guiaban a los cruzados, en lo religioso, eran los obispos de las principales poblaciones francesas. Este ejército llegó a sumar, según la leyenda, 500.000 hombres. Sitiaron varias fortalezas que acabaron por rendirse, tras lo cual los cruzados quemaron a numerosos herejes. El 22 de julio de 1209 tomaron al asalto Béziers, matando a más de 60.000 habitantes. Los vencidos salieron de la ciudad vistiendo solamente la camisa; al vizconde lo encarcelaron, falleciendo poco después. A los habitantes de Carcasona se les concedió la libertad, pues confesaron que eran católicos. Sin embargo, apresaron a unos 400 que murieron en la hoguera, una “diversión” frecuente en aquellos tiempos.
Terminada esta primera fase se convocó una segunda cruzada y se reanudó la lucha. Los cruzados, en aquella ocasión, penetraron por la Provenza con el fin de exterminar a los herejes recalcitrantes, quemando y asaltando castillos y fortalezas.
El Papa recomendaba moderación con el fin de atraer a los herejes, aunque al parecer no era debidamente informado de cuanto realmente ocurría. Envió como legado suyo al cardenal Pedro de Benavente, con la misión de reconciliar a los excomulgados con la Iglesia de Roma. Raimundo se sometió, pero Simón de Montfort exigía las tierras conquistadas a los albigenses; el rey de Francia apoyaba a Montfort pues deseaba incorporar las tierras cuyos condes eran vasallos del rey de Aragón Pedro II y como no hubo conciliación prosiguió la guerra, pero ya cansados de tantas luchas, los cátaros acabaron por ceder parte de sus dominios. Corría el año 1229. Así finalizaron aquellas cruentas campañas, si bien los cátaros volvieron a levantar cabeza, hasta que en 1253 quedaron completamente sometidos por la fuerza de las armas y sus territorios incorporados a Francia.

La relación de los cátaros con el cannabis

Su relación con las sectas gnósticas, maniqueas y con los templarios hicieron que los cátaros conocieran el uso del cannabis. Utilizaban cannabis para inducir estados místicos y experiencias extra-sensoriales. El consolamentum, el principal sacramento de los cátaros, era la imposición de manos, la misma que llevaba a cabo Jesús, es el bautismo de fuego espiritual, no de agua material. Una vez eliminado el poder de los cátaros del sur de Francia muchos cátaros se hicieron templarios (es interesante ver como los cátaros y los templarios utilizaban cannabis para los mismos fines). La leyenda cuenta que los cátaros custodiaban el Santo Cáliz (o un vaso sagrado que representaba el símbolo de la fe o un libro que representaría el símbolo del conocimiento perdido), se guardaba en Montsegur y fue salvado del asedio en el último momento por cuatro cátaros. Lo escondieron en una gruta de Monrealp de Sos, en Arieja, cerca de la encomienda templaria de Capo ul et-Junac (el cáliz pasó de los cátaros a los templarios, y con ellos la misma maldición de ser exterminados por la Iglesia católica por su modo diferente de entender el mundo) (Mestre, 1999) (Leduc, 2002).
Una de las obras reservadas sólo a los iniciados era la “cena secreta” también utilizada por los esenios (¿pudiera ser una eucaristía realizada con cannabis?) (Leduc, 2002: 53).

Imágenes: Wikimedia Commons, Dominio público, https://commons.wikimedia.org

Texto: Isidro marín. Todos los derechos reservados

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Isidro Marín Gutiérrez (1975 Huelva, España) Doctor en Antropología Social y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad de Granada. Su tesis doctoral sobre el cannabis obtuvo la calificación Cum Laude. Actualmente trabaja como docente investigador en la Universidad Técnica Particular de Loja, Ecuador.

Uno de los mayores teóricos del país sobre el marco social y legal de la marihuana. Autor de la obra “La historia conocida o desconocida del Cannabis”

2 comentarios sobre “Los Cátaros y su relación con el cannabis

  1. Es un gran aporte para la historia del consumo de cannabis. Quizá se tiene información de los usos en Ecuador, ya que desde los años cuarenta, se tienen rastro del consumo recreacional en Guayaquil, sin embargo, quería saber si tenía otros usos en el país.

    1. Estimado Pedro. Muchas gracias por el comentario. No hay nada sobre el consumo en Ecuador, nadie ha realizado un estudio serio sobre el tema. En las biblioteca y hemerotecas debe existir información sobre el cannabis pero nadie ha realizado un estudio serio. Hay un libro llamado “Ecuador y la Marihuana” de Rodrigo Tenorio. En su parte de historia no hay ni una sola referencia a Ecuador y es todo un copia-pega de Internet.

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