El cannabis en Canadá. Situación actual

El 8 de Noviembre de 2016 pasará a la historia del movimiento cannábico estadounidense por dos razones; la primera, la inesperada victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales, y la segunda, la victoria del sí en los referéndums sobre la legalización del uso recreacional en los estados de California, Massachusetts, Nevada y Maine. Dos noticias que apuntan a dos escenarios completamente distintos a nivel nacional, especialmente tras la nominación de Jeff Sessions como Fiscal General.
Mientras tanto, el futuro parece más claro para su vecino del norte, el cual se encuentra a la espera de que el gobierno decida cuál será el modelo de legalización que quiere adoptar. Una vez que esto ocurra, Canadá pasará a ser el primer país del G7 en legalizar el uso del cannabis en adultos.
La posición de vanguardia de Canadá en materia de drogas no es nada nuevo. En 2001, Canadá se convirtió en el primer país en legalizar el uso medicinal del cannabis para enfermos terminales y pacientes con enfermedades graves durante el mandato del liberal Jean Chrétien. Dentro del marco de este proyecto, el Ministerio de Salud propuso tres opciones para obtener cannabis, los pacientes que recibieran aprobación por medio de una prescripción médica podían, bien comprarlo directamente a través del gobierno, obtener una licencia y cultivarlo ellos mismos o designar a un tercero para que cultivase por ellos.

Todo esto cambió en el 2014 durante el gobierno del Conservative Party. A partir de ese año la producción de cannabis pasó del gobierno a manos de empresas privadas designadas por el mismo y los pacientes que quisieran utilizar cannabis ya no podrían cultivarlo, tendrían que comprarlo a través de estas empresas y recibirlo por correo.
Por supuesto, convertirse en un productor con licencia no es un proceso fácil ni barato. Los controles de calidad y la seguridad necesaria para conseguir la licencia son prohibitivos para los pequeños productores y en total, solo 38 compañías han conseguido obtener dicho permiso (23 de ellas en Ontario). Además, uno de los requisitos necesarios es la falta de antecedentes penales, lo que excluye a cualquier activista que en el pasado haya sido procesado por cultivo de cannabis.

Uno de los puntos clave de la campaña del Partido Liberal liderado por Justin Trudeau durante las elecciones de Octubre de 2015 fue la legalización del cannabis con el pretexto de arrebatar el mercado a las mafias y reducir el consumo entre los menores de edad (Canadá lidera el consumo de cannabis en adolescentes entre los países desarrollados).
Tras la aplastante victoria del Partido Liberal, el gobierno designó a un grupo de expertos para consultar a los ciudadanos a la par que comenzaban a aparecer dispensarios de cannabis en las grandes ciudades ante la promesa de la futura legalización. Al mismo tiempo, algunas ciudades como Victoria y Vancouver se adelantaron a la decisión del gobierno y decidieron regular los dispensarios a nivel municipal, mientras que otras como Toronto, Ottawa y Montreal optaron por utilizar la fuerza y seguir imponiendo la prohibición aún vigente.
Dentro de este contexto, el 26 de Mayo de 2016, la policía de Toronto ejecutó redadas en 43 dispensarios, arrestando a un total de 90 personas en una operación que la policía denominó “Proyecto Claudia”.

Una semana más tarde, la mayoría de los dispensarios volvían a estar abiertos, probando que a pesar de las amenazas, no iba a ser tan fácil intimidar a los dueños de estos establecimientos para que abandonaran el suculento y creciente mercado del cannabis.
Pero no todo han sido malas noticias. Para regocijo del movimiento cannábico, el Tribunal Superior de la Columbia Británica declaró inconstitucional prohibir a los enfermos con prescripción médica cultivar su propio cannabis. Desde finales de Agosto los pacientes que lo necesiten pueden cultivar hasta 5 plantas en el interior o 2 plantas en el exterior por cada gramo de cannabis que tengan permiso a recibir diariamente.

El Partido Liberal ha prometido presentar el proyecto de legalización ante el parlamento durante la primavera del 2017 y considerando que controlan la mayoría de la cámara, es seguro que cualquiera que sea el modelo propuesto, será aprobado. Sin embargo, no queda claro cuál será este modelo, aunque todo apunta a que, al menos en las primeras etapas, tienen pensado dejar en manos de cada provincia la decisión de quién controlará la distribución y venta de cannabis.
Y es que Canadá es un país de extraños contrastes en materia de políticas de drogas. En la provincia de Quebec, de influencia más europea, la edad mínima para consumir alcohol es de 18 años y la venta de cerveza es legal en supermercados mientras que la venta de bebidas de alta graduación está limitada a establecimientos controlados por el gobierno de Quebec. Sin embargo, en la mayoría del resto de provincias la edad mínima para consumir alcohol es de 19 años y la venta de todo tipo de bebidas alcohólicas está controlada por monopolios de los distintos gobiernos provinciales.

El 13 de Diciembre, la comisión designada por el gobierno finalmente presentó el informe con las conclusiones extraídas tras consultar a los diferentes sectores de la sociedad canadiense. Y las recomendaciones de dicha comisión han sorprendido a la mayoría de los que esperaban que fueran a sugerir un sistema similar al del alcohol. Entre las principales recomendaciones de la comisión se incluye:
– Establecer la edad mínima de consumo de cannabis en 18 años.
– Evitar distribuir alcohol y cannabis en los mismos establecimientos (el gobierno de Ontario había sugerido limitar la venta de cannabis a los establecimientos gubernamentales en los que se vende alcohol).
– Limitar la densidad de dispensarios y evitar que se sitúen cerca de colegios o parques.
– Imponer un sistema de empaquetado neutro con etiquetas que incluyan el nombre de la compañía, la variedad de cannabis, la concentración de THC y CBD y advertencias sobre los riesgos para la salud que el consumo de cannabis conlleva.
– Imponer un precio proporcional a la concentración de THC para disuadir la compra de productos de alta concentración.
– Restringir el consumo de cannabis en espacios públicos.
– Permitir y regular el consumo de cannabis en establecimientos designados para tal fin.
– Limitar la posesión de cannabis a 30 gramos.
– Permitir el cultivo personal hasta un límite de cuatro plantas por vivienda con una altura máxima de 1 metro.
Ahora solo queda ver si el gobierno decide seguir las recomendaciones de la comisión o si se decanta por un modelo más restrictivo. Hasta que eso ocurra, los dispensarios seguirán abriendo cada día con el temor de que la policía realice una redada y las compañías con licencia del gobierno que se encargan de suplir la demanda de cannabis medicinal seguirán presionando para poder mantener sus privilegios y seguir controlando esta industria millonaria.

Texto e imágenes: Antonio Cillero Rodrigo. Todos los derechos reservados.

antonio_photo-36047373-150x150Antonio Cillero Rodrigo  (1989 Plasencia, España) Licenciado en Ingeniería Química por laUniversidad Complutense de Madrid. Máster en Ingeniería de Polímeros por la Queen’s University de Ontario. Actualmente en el área de la investigación con biomateriales para aplicaciones médicas en Canadá. Traductor de textos sobre sustancias psicoactivas, ha traducido al castellano la parte narrativo-biográfica de TIHKAL y PIHKAL (Edit. Manuscritos 2016) Bajo el seudónimo de Acracio publica artículos sobre sustancias psicoactivas. Además de escribir sus artículos y entrevistas es el traductor oficial de InfoCannabis.

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