El Arte y la Marihuana

Alguien comparó una vez el proceso creativo con “atrapar un relámpago en una botella”. Sí, la creatividad es el proceso por el cual la mente de algunas personas establece conexiones distintas entre hechos concretos para obtener resultados diferentes a los que normalmente se esperarían. Así pues, un cocinero creativo es capaz de encontrar variantes distintas para los mismos ingredientes y un músico es capaz de encontrar sonidos únicos combinando notas tradicionales.
En la búsqueda de llegar más allá del proceso creativo, muchos artistas han utilizado sustancias que alteran la capacidad cognitiva y receptiva del cerebro. Los motivos pueden ser variados: búsqueda de inspiración o el deseo consciente de explorar realidades alternativas pueden ser hipótesis validas.

Desde muy antiguo se conocen las propiedades del cannabis para “liberar” la mente. En principio se utilizaba como parte de rituales religiosos como así se atestigua en pinturas prehistóricas y del Antiguo Egipto. También Teofrasto, discípulo de Aristóteles, hablaba del consumo de plantas medicinales como sustitutivo del aliento vital en determinados momentos.
Aunque relegada durante mucho tiempo, ya en el Renacimiento, un genio como Leonardo da Vinci tenía su propia receta de pan de cáñamo, aunque hay quien duda de su autoría. Ésta es la receta, por si alguien se anima:
“Éste es un plato de verdad muy peligroso del que yo me he abstenido durante muchos años; sin embargo, tengo muchos amigos que suspiran por él continuamente a pesar de todo. Hervid las semillas del cáñamo hasta que la piel se desprenda por sí sola. Moled estas semillas sin piel con una cantidad igual de almendras frescas peladas. Pasad esta mezcla por un colador, luego untadla con un poco de miel, sal y pimienta, y de esta forma lo hervís. Ahora, colocad una capa de rebanadas de pan en el fondo de alguna cazuela. Del cáñamo hervido pondréis una parte sobre ellas. Colocad aún otra capa de rebanadas de pan sobre éstas y de nuevo poned más cáñamo por encima. Así procederéis hasta que tengáis diez capas de cada uno; luego, rociad hierbas olorosas sobre ellas y colocad encima un gran peso durante noches para comprimirlo a vuestro gusto”

A pesar de ser conocidos y apreciados los valores de la marihuana como agente medicinal hubo que esperar hasta finales del siglo XIX para que los artistas empezaran a consumirla para explorar sus capacidades creativas. Así, las corrientes literarias naturalistas rechazan el orden establecido, desembocando en el simbolismo, uno de cuyos autores más destacados fue Charles Baudelaire. La obra más conocida de Baudelaire “Las flores del mal” fue, casi con toda seguridad escrita bajo la influencia de los derivados de la marihuana que el poeta maldito consumía de manera asidua. El uso de sustancias psicoactivas era, para Baudelaire, por así decirlo, un “método de trabajo”: las consumía y luego explicaba qué había sentido. En 1860 publicó “Los Paraísos Artificiales” obra en la que afirmaba “¿Qué sentido tiene trabajar, labrar el suelo, escribir un libro, crear y dar forma a lo que fuere, si es posible acceder de inmediato al paraíso?”

En la década de 1920 los músicos de jazz que tocaban varias noches en distintos clubes utilizaban la marihuana para mantener despierta su imaginación, seguir tocando sin perder sensibilidad y, sobre todo, no tener resaca. Louis Armstrong decía “En primer lugar, es mil veces mejor que el whisky… Es un ayudante, un amigo, una buena borrachera barata si quieres llamarlo así… Bueno (muy bueno) para el asma, te relaja…”

No sólo es un relajante, se ha comprobado que fumar marihuana produce un aumento en las áreas del cerebro que perciben la música, de manera que esta se afina más, el artista se concentra mejor y siente cada nota que interpreta.
El resto del camino es historia: la generación beat de Jack Keruac y Allen Gingsber que tanto influyeron en Bob Dylan, reciente Premio Nobel de Literatura, el movimiento hippie de los 60 (tan parodiado a veces) pasando por el inolvidable Bob Marley, hasta el día de hoy en el que Lady Gaga afirma que “Fumo mucha marihuana cuando escribo mis canciones”
Parece claro, pues, que la marihuana produce unos efectos de euforia sobre todo en la “subida”. En palabras de Joni Mitchel “El porro tiende a hacerte táctil, sensual. Calienta el corazón durante unos quince minutos. Después se empieza a nublar todo. Tienes quince minutos de pensamientos puramente creativos y después te puede aplastar. Si se fuma de manera regular, sólo te sentirás aplastado y será anticreativo. Pero si lo haces con conciencia, la marihuana te empuja hacia el otro extremo de donde estás y salen las ideas”

Hay opiniones muy variadas incluso entre quienes la consumen. Por ejemplo, el diseñador gráfico Rodrigo Maceda afirma que “La utilizo, pero no para mi proceso creativo, aunque sí pueden surgir buenas ideas estando bajo los efectos”, mientras que para el artista tatuador Aníbal Pantoja “Es parte de mi vida, también la uso para dibujar y tatuar”.
Los efectos beneficiosos del cannabis para la creatividad parece ser que dependen de dos factores fundamentales: el estado de salud presente del consumidor y la frecuencia de su consumo. Es cierto que el consumo de marihuana aumenta los efectos de la dopamina en el cerebro. Así, se liberan inhibiciones, aumentando la capacidad de búsqueda de alternativas creativas.

Os presentamos cuatro artistas contemporáneos que utilizan el cannabis para sus creaciones estéticas multidisciplinares.
1. Jugando con la realidad: Jason Koschmieder
Con sólo imprimir imágenes en papel, arrugándolas y usando pegamento consigue efectos hiperrealistas. Los tarros de cristal sobre telas blancas llenos de cogollos parecen reales, tanto que muchos se sorprenden de que aparezcan apaciblemente expuestos en una galería de arte de Florida donde la marihuana es ilegal. ¿La idea? Jugar con el deseo y el dinero, alterar la percepción de lo real y lo falso. Su intención es que el cannabis aparezca bajo una óptica fresca y apetecible, procurando un cambio de mentalidad.


2. El humo lleno de arte: Fernando de La Rocque
Soplando el humo de la marihuana de cinco porros fumados durante más o menos una semana, sobre plantillas preparadas, este artista brasileño crea imágenes pop tanto de políticos como de líderes religiosos. Se trata de romper estereotipos a favor de la marihuana como sustancia legal. Uno de sus retratados, el ex Presidente de Uruguay José Mújica, fue el impulsor de un proyecto de ley en su país para la despenalización del cannabis.


3. La marihuana como musa artística: Dan Cretu
Convertir el peinado de Marge Simpson en un cogollo de marihuana, que el logo de Nike parezca una pipa de fumar, crear un helado con hierbas, crear asteroides con las hojas de la marihuana… todo lo que la imaginación pueda pensar ¿por qué? Pues ponte enfrente de sus obras y piensa por ti mismo: divertido, psicodélico, abstracto, arte-denuncia, grito de libertad, oda a la ecología. Todo eso y lo que cada cual pueda interpretar.


4. Arte hasta el final: Cliff Maynard
La colilla de los porros, el papel sobrante quemado, recortado y pegado formando delicados mosaicos de miles de piezas. Así de simple. Eso sí, mucha paciencia… y muchos canutos disfrutados. De hecho, cada pieza es “un momento disfrutado con amigos”. Los resultados son espectaculares por el nivel de detalle y realismo de las obras. Maynard llama a su técnica “reciclaje al más alto nivel”. Sus obras pueden admirarse completas o bien en vídeos timelapse para apreciar el recorrido desde el principio hasta el final.

Para concluir, os dejo con unas palabras de Jason Silva el denominado por algunos filósofo performer, conocido por su programa Brain Games para National Geographic:
“La marihuana es un catalizador cognitivo que puede provocar una mayor creatividad y asociación libre de ideas, un mayor reconocimiento de patrones y que se generen nuevas ideas.”

Imágenes: Zach Scott. Jason Koschmieder. Fernando de La Rocque. Dan Cretu. Cliff Maynard

Texto: Elena Montesinos Urbán. Todos los derechos reservados

Elena Montesinos
Elena Montesinos

Elena Montesinos Urbán (1967 Murcia, España) Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Murcia. Cree en los proyectos de comunicación destinados a mejorar a las personas y a ayudarlas en su desarrollo y en poner la comunicación y las redes sociales al servicio de una sociedad mejor y más justa. Afirma que hoy leemos más que nunca y que las palabras tienen más poder que en cualquier otra época de la historia.

Actualmente reside en Murcia desde donde además de encargarse de la presencia digital del Cabildo Superior de Cofradías de Murcia colabora con diversos medios con textos sobre historia, tradiciones y costumbres, destacando sus artículos para la revista online Me encanta Murcia. Socia de la Asociación de Amigos y Protectores del Mubam. Socia de Amigos del Museo Salzillo de Murcia. Participa en varios proyectos de voluntariado como Yo Cuido y Vivo o el proyecto de promoción de las actividades del Departamento de Personas Mayores y Dependencia de la Cruz Roja.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *