Cannabinoides sintéticos. Guía rápida.

A la hora de hablar de cannabinoides sintéticos, probablemente el primer paso y el más importante es asegurarnos de que sabemos bien por qué se llaman cannabinoides. La respuesta es sencilla: los primeros principios activos del cannabis se descubrieron antes de saber a qué receptores del cerebro afectaban. Por tanto, cuando posteriormente fueron descubiertos dichos receptores, se les llamó cannabinoides. Y, al sistema que funciona en éstos, sistema endocannabinoide.

Podría haber tenido cualquier otro nombre, pero como ya conocíamos que algunas moléculas presentes en el cannabis interactuaban con él, se le bautizó así. Por tanto, cualquier molécula que afecte a los receptores cannabinoides es llamada un cannabinoide; a menudo, con efectos similares a las moléculas presentes en el cannabis, claro, pero no necesariamente.
Este rodeo es sólo para dejar clara la idea básica: que los cannabinoides sintéticos no son derivados del cannabis, sólo son sustancias que afectan al mismo tipo de receptores cerebrales. Entonces, si en principio no tienen mucha relación con el cannabis, ¿por qué tratarlos en esta web? Bueno, porque el mercado y los medios de comunicación sí han creado una relación más estrecha entre cannabis y cannabinoides sintéticos, bien por una cuestión de márketing o bien por ignorancia. Así pues, si en un plano científico mantienen una relación más bien débil, en un plano social e informativo son sustancias muy relacionadas entre sí.

Así pues, hay cientos de cannabinoides sintéticos, y muy variados. La mayoría de los cannabinoides son liposolubles, tienen de 21 a 26 átomos de carbono y son volátiles a temperaturas muy similares, de forma que se pueden fumar: no tienen mucho más en común [1]. Algunos tienen efectos muy similares al THC; podríamos decir que son básicamente análogos. Muchos otros, sin embargo, son agonistas de los receptores mucho más completos y potentes que el THC, y pueden tener efectos imprevisibles.
Y con efectos imprevisibles hay que mencionar el más grave: la muerte. Existen docenas de casos de muertes ligadas al consumo de cannabinoides sintéticos [2], y a estas alturas podemos decir con casi total seguridad que pueden matar de sobredosis, al contrario que, en la práctica, el consumo tradicional de marihuana. El único matiz que quiero subrayar con ese “casi” es que, al menos, cierto número de las muertes ligadas al consumo de cannabinoides no se debe a una sobredosis, sino al hecho de que los productos estaban contaminados con brodifacoum, sustancia que puede causar sangrados prolongados [3]. Salvo que se haya cometido una grave sucesión de casos de mala praxis, sí hay constancia de que algunas muertes eran por sobredosis y no por brodifacoum.
Pero, de hecho, entender “por qué” los cannabinoides sintéticos pueden matar ya es meterse en terreno pantanoso. La mayoría de receptores cannabinoides están situados en zonas del cerebro que no regulan funciones vitales; es bien sabido que el consumo de marihuana, aún en cantidades muy superiores a lo recomendable, no produce una sobredosis letal. Esto ha llevado a una gran cantidad de profesionales a razonar que, sencillamente, por mucho que se estimule el sistema endocannabonoide, no se alterarán las funciones vitales de una forma lo bastante significativa como para producir la muerte… pero, a la luz de los hechos, parece ser que los cannabinoides sintéticos han desmentido estas ideas, y que sí pueden producir la muerte afectando únicamente a este sistema.
Hasta donde se sabe, hay al menos dos tipos de receptores cannabinoides en el cerebro: los receptores CB1 y los receptores CB2. Los cannabinnoides interactúan de forma parcial o total con uno de estos tipos o con los dos, habiendo, por tanto, un gran número de combinaciones posibles. Sin embargo, no se entiende con exactitud cómo es la interacción, por lo que no se puede descartar que existan más tipos de receptores cannabinoides que aún no han sido descubiertos [4].
Ya explicados los peligros de estas sustancias, volvamos a su relación con el cannabis. Como decía, no es sólo una cuestión de los medios de comunicación, sino también de márketing. A menudo, quien vende cannabinoides sintéticos apunta a un público consumidor de cannabis, y lo presenta como “algo similar”. El gancho puede estar en la potencia (“es como la marihuana pero más potente”) o bien en la alegalidad de las sutancias (“es como la marihuana pero no es ilegal”), puesto que, dado el enorme número de cannabinoides sintéticos que hay, muchos aún no han sido ilegalizados y, siempre que lleven una etiqueta que señala “no apto para consumo humano”, se pueden comprar y vender con total libertad.
Por cierto, esto podría llevar a un debate sobre las desventajas de mantener la ilegalización del cannabis y cómo dicha estrategia hace que algunas personas consuman sustancias más peligrosas, que es precisamente lo contrario de lo que supuestamente debería pretender el Estado, pero bueno, no es el objetivo de este artículo. Sigamos con el márketing, y es que llega aún más lejos: para atraer a este público, los cannabinoides sintéticos pueden ser presentados con aspecto de marihuana, a pesar de no tener nada que ver. Esto es un proceso muy sencillo: basta con tener el cannabinoide en forma líquida y rociarlo sobre flores o hierbas secas, o incluso sobre cogollos de marihuana, directamente, ¿por qué no? No es la mejor forma de aprovechar el potencial del cannabinoide sintético, pero parece que para algunos sí es la mejor forma de venderlo.
Esto puede llevar a confusión, claro: y cuando el cannabinoide sintético se vende presentado en un aspecto similar a la marihuana, es más comprensible que los medios hablen de “marihuana artificial” o “cannabis artificial” –aunque se les agradecería que dedicasen un poco más de tiempo a investigarlo-. No es lo mismo fabricar en laboratorio unos cogollos de marihuana –idea surrealista que es la que parece desprenderse de la expresión “marihuana sintética- que fabricar en laboratorio cannabinoides sintéticos para posteriormente rociarlos sobre cogollos de marihuana, pero se entiende que alguien pueda confundirse, y más una vez el “telefóno estropeado” empieza a dar resultados cada vez más distorsionados.
En otro orden de cosas, también los nombres con los que se venden estos productos tienen su buena dosis de márketing: K2, Spice, Cripy, Gorillaz, Yucatan Fire, Black Mamba, Bombay Blue, Krypton, Lava Red… [5] Sus nombres científicos, podríamos decir que sus nombres reales, son bastante menos atractivos comercialmente: JWH-007, JWH-015, JWH-073, AB-PINACA, 5F-AKB-48, ADBICA o MDMB-CHMICA son algunos de ellos. Estos nombres, al menos, a menudo son menos confusos: a veces dan pistas sobre su estructura química, otras veces sobre cómo fueron sintetizados. Por ejemplo, todos los que empiezan por JWH llevan las siglas de John William Huffman: este profesor y su equipo fueron los primeros en sintetizar un buen número de estas sustancias, con el fin de comprender mejor cómo funcionan los receptores cannabinoides y buscar posibles aplicaciones médicas.
No se puede concluir este artículo sin tratar de echar un vistazo al futuro. Por un lado, la creciente popularidad de los vapeadores podría facilitar el consumo de cannabis sintético. Además, contaría con un factor ventajoso para algunos consumidores, que es la discreción: ¿quién podría saber a simple vista si el líquido que hay en el tanque de un vapeador es un e-liquid de nicotina perfectamente legal y socialmente aceptado o un cannabinoide sintético? Por otro lado, parece haber cierta tendencia global a suavizar las penas relacionadas con el consumo de cannabis: muchos países y territorios están actualmente aumentando la permisividad, o incluso directamente legalizando el uso recreativo de la marihuana. Entre las diversas consecuencias positivas que puede tener esto, de cara a los cannabinoides sintéticos hay que remarcar la ventaja de que, siendo menos perseguido el cannabis, haya menos gente que caiga en el truco comercial de comprar cannabinoides sintéticos por ser sustancias alegales aún cuando sean más peligrosas.
Finalmente, es de suponer que cada vez habrá más información disponible sobre estas sustancias que aún nos resultan bastante desconocidas. A más información, menos riesgos habrá; y, sumando esto al factor anterior y añadiendo cierta dosis de optimismo, creo que es posible que los cannabinoides sintéticos sean menos consumidos por personas que buscan imitar los efectos de la marihuana sin saber muy bien a qué se exponen, y que pasen a ser sustancias más propias de psiconautas con algo más de experiencia que las consuman de forma más segura.
Pero esto, claro, son meras especulaciones; y, mientras tanto, sin duda seguiremos viendo con cierta frecuencia noticias simplonas y llenas de errores sobre la mal llamada “marihuana sintética”.

[1] Synthetic cannabinoids and ‘Spice’ drug profile, European Monitoring Centre for Drugs and Drug Addiction.
[2] Deaths linked to synthetic cannabinoids, Forensic Science Medicine and Pathology 11(3) • March 2015.
[3] An Outbreak of Brodifacoum Coagulopathy Due to Synthetic Marijuana in Central Illinois. Mayo Clinic Proceedings.
[4] Pharmacology of cannabinoid receptor ligands. Curr Med Chem 1999; 6: 635-64.
[5] Cannabinoides sintéticos – Ai Laket!! http://www.ailaket.com/?p=4599#post-4599

Texto: Ibai Otxoa Imágenes: Wikipedia. Todos los derechos reservados.

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Ibai Otxoa Gil (1993, Barakaldo) Graduado en Psicología por la Universidad de Deusto. Máster en Drogodependencias, escribe tanto artículos o ensayos sobre diversos temas como ficción; lógicamente, por formación, uno de estos temas son las drogas, en general, legales o ilegales. Escribe en su propio blog, Kallixti, así como en muchas otras webs, revistas digitales, blogs o sobre papel, teniendo, entre éstas, dos libros publicados en solitario (Microrrelatos Punk y La Cosa Kostra). También crea contenido audiovisual en Youtube bajo el nombre Ibai_93, el mismo con el que se dio a conocer en Twitter. Ha sido voluntario como psicólogo en varios centros de atención a drogodependencias e inclusión social, y ha participado en proyectos de reducción de daños junto a la asociación Ai Laket!!

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